Lennon, el pacifista rebelde

lennon

Por: Cavalier L’Enfant

“Era agresivo porque quería ser popular, quería ser el jefe.

Todos los profesores en el Art College eran unos imbéciles;

nunca les hacía caso,

solo había un profesor al que le gustaban mis dibujos.

 

Lennon a los 15 años.

   El 11 de octubre de 1977, John Lennon declaraba en Japón que había decidido retirarse temporalmente, unos tres o cuatro años, para dedicarlos al cuidado y la educación de Sean, el hijo concebido con Yoko. Deseaba con todo el corazón ser para Sean el padre que nunca pudo ser para Julian, el hijo de su matrimonio con Cynthia Powell.

 

En 1980, a tres años de haber anunciado el retiro, terminaba exitosamente con la grabación de un nuevo álbum – el trigésimo – titulado “Double Fantasy”, trabajo compartido con Yoko y conformado por catorce temas, siete de su autoría y el resto de su mujer. Una vez concluido, el álbum se edita a finales de noviembre.

 

Para la crítica, “Double Fantasy”, no alcanza la exquisitez de “Imagine”, ni el grado de depuración de “Mind Games”, pero si pone de manifiesto la madurez de John como hombre, equilibrio como músico y marcadas muestras de su gran genio. Pero sin saberlo, este álbum sería su gran legado al vasto mundo del rock, su resurrección y muerte.

 

Por esos actos inesperados de la casualidad, mientras Lennon anunciaba en 1977 su retiro personal, en agosto se cerraba una página brillante de la música, en especial del rock & roll, con la muerte del Rey del Rock, Elvis Presley. Con la partida de Elvis, llegaba a su fin una inolvidable generación; con la muerte de John Lennon, concluía el sueño de “su generación”. En ese sentido, “Double Fantasy”, era precisamente eso, la fantasía musical de una época, truncada por un loco y desquiciado admirador que ufano declaraba al New York Times, “I just shot John Lennon…”

 

 

“Los que están en los asientos más baratos, por favor aplaudan;

los que están en los asientos más caros, solo agiten sus joyas”

 

Lennon en Londres 1963,

Ante la Reina y el Príncipe Felipe.

    Mark David Chapman fue una suerte de súbito despertar, un instrumento nacido para cumplir con su destino, cortar con violencia con un sueño y una época. Y si acaso alguien pensaba en un virtual regreso de la Beatlemanía, con la muerte de John, todo se volvió leyenda.

“Nuestra vida juntos es tan preciosa, juntos.

Hemos crecido, hemos crecido…

Pero nuestro amor sigue siendo especial.

Démonos una oportunidad y volemos a algún sitio solos.

Hace mucho que desperdiciamos el tiempo;

nadie es culpable,

sé que el tiempo vuela demasiado rápido,

pero cuando te veo, es como si volviéramos a empezar,

es como si volviéramos a enamorarnos,

como comenzar de nuevo,

como volver a empezar…”

    El mundo entero alzó la voz. El mundo entero se estremeció: “Honores de Jefe de Estado para Lennon”, decía el titular de un diario. “La muerte de John Lennon ha demostrado, que el mundo puede conmoverse”. Times anotaba: “Una ola de dolor golpea a América por la muerte de John Lennon”.

    Al día siguiente, cualquier referencia y cualquier otra noticia era mera frivolidad. Cinco días después, medio millón de personas se reunieron en Central Park frente a un escenario donde una simple fotografía realizaba un concierto de silencio y oración. Alrededor del mundo se oraba por el eterno descanso de su héroe. Nunca antes, el dolor, el cariño, la admiración, la consternación y la tristeza habían alcanzado tanto valor.

Jimmy Carter, entonces Presidente de los Estados Unidos, declaraba apenado que era extremadamente doloroso que Lennon hubiera muerto de esa manera, en particular tras haber realizado importantes campañas durante mucho tiempo en favor de la paz: “El espíritu de John, y el de los Beatles, impertinente, serio, irónico e idealista, fue el espíritu de toda una generación”.

“Si mi vida consiste en respirar, no oso osar en detenerme”

Poema del Ermitaño, incluido en su libro, “John Lennon en su tinta”, en el

que el juego de palabras recuerda, por mucho, a Lewis Carroll.

   En la penúltima entrevista que Lennon concedió a los medios, declaraba que había decidido vivir en Nueva York porque ahí se sentía seguro: “Al principio, cuando salía a la calle, me preocupaba que la gente quisiera entrometerse o saltar sobre mi; me costó dos años superarlo”. En la misma entrevista decía que esperaba morir antes que Yoko Ono: “Sin ella no sabría como sobrevivir, no podría continuar…”.

 

Entrevistado por una emisora local, decía sentirse muy optimista con respecto al futuro, esperando que su nuevo álbum lograra la aceptación de sus viejos fans y la aprobación de las nuevas generaciones: “Hay que agradecer a Dios – decía – o a quien se encuentre allá arriba, que hayamos sobrevivido Vietnam, Watergate y a todos los trastornos mundiales; yo avanzo hacia lo desconocido, pero mientras haya vida, hay esperanza…”.

 

La muerte de Lennon puede considerarse como un mero acto surrealista. Había sido acosado por su afán de lograr la paz, golpeado por la vorágine de la industria de la música y el disco, y por el FBI, que lo consideraba un latente riesgo para los ciudadanos de los Estado Unidos. Por ello, el anunciado temporal retiro en 1977 adquiere doble valor. Por un lado el deseo de tomarse un respiro para ser él mismo, para retomar el camino hacia una nueva identidad, identidad que sentía perdida. C

 

Cuando parecía que al fin un renovado John Lennon emprendía una nueva etapa, un etapa distinta y madura, Mark David Chapman le daba un giro radical a la historia cuando le pide que le autografíe un ejemplar de “Double Fantasy”. El mundo se oscurece cuando le asesta, a quemarropa, tres tiros: “I just shot John Lennon”…

 

Lo demás es historia. El médico forense Elliot Grose declara que la muerte del músico tuvo lugar a las 11 horas.

 

 

“John amó y rezó por la humanidad, os ruego hagáis los mismo por él”

 

Yoko Ono, 14 días después

Jorge Luis Borges le confesó un día a Sábato:

“Mi sobrino me dijo una vez: vas a oír un disco – ¿Qué es? – le pregunté – no voy a decírtelo – me contestó.

Puso el disco, lo oí y quedé muy enternecido; eran los Beatles.

Si hubiese sabido de antemano, seguro me hubiera puesto en guardia.

 

A Lennon, creo, le hubiera dado igual…”

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