Por: Cavalier L’Enfant

Su historia no se parece a ninguna otra historia. Su historia ha sido única, indivisible, enigmática y vital, un latido constante marcado por inmutables tiempos de cambio.

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Ha sido revulsivo, generador de canciones que desde sus primeros años, conmovieron a la opinión pública norteamericana primero, y al mundo después. Un visionario nacido en la pureza del folk norteamericano que supo vaticinar, “el tiempo del cambio”. Conciencia de una generación, sentimientos de su tiempo, un hombre audaz que se atrevió, soportando la ácida crítica de su generación, a electrificar al folk tradicional para sentar las bases de que más tarde fue el “folk-rock”. Ha sido el artista más influyente y creador de una cultura particular y fundamental de la música del Siglo XX, y otro tanto de esta nueva era. Apenas el pasado viernes, 24 de mayo, cumplió 72 años. Su nombre, Bob Dylan, patriarca del nuevo folk y unos de los primeros en sentir la apremiante fuerza motivada por un incontrolable caudal de ideas y sueños.

 El tiempo del cambio

    Es probable que muchas de sus preguntas, surgidas desde las profundidades de los años 60, se hayan quedado sin respuestas. Se dice que en cada década siempre surge un mesías, un iniciado con el deseo innato de cambiar al mundo, o por lo menos, intentarlo. Los Beatles lo habían hecho desde su natal Liverpool, Dylan lo haría desde las raíces y profundidades de la atmósfera multicultural del Greenwich Village, cuna de ideas y pensadores. Por eso sólo Dylan pudo haber escrito esta belleza:

 Los tiempos están cambiando…

Hay una batalla allá afuera,

que está causando desgracias…

Los tiempos están cambiando…

  Y solo Dylan podía tener la respuesta:

 ¿Cuántos caminos debe caminar un hombre antes

de llamarlo hombre?

¿Cuánto oídos debe tener un hombre

para poder escuchar a la gente llorar?

¿Cuántas muertes serán necesarias para que comprenda

que ya hay demasiados muertos?

¿Cuántos años pueden vivir algunas personas

antes de conocer la libertad?

 

 La respuesta mi amigo, flota en el viento,

La respuesta está flotando en el viento…

   Buscando la gloria

       Dylan llegó un día, con su guitarra al hombro, a la cosmopolita ciudad de Nueva York siguiendo los pasos de Woodie Guthrie, ícono del movimiento folk de los Estados Unidos, en busca de respuestas, y como otros miles, como un cazador de sueños, fama y gloria. Rodeado y cautivado por la bohemia del Greenwich, poco a poco su voz comenzó a ser escuchada por exigentes audiencias para sacudirse después con el mensaje de un chico que cautivaba gracias a la inconformidad que destilaban sus textos. Aunque su camino no fue fácil, pues se dice que en su primera presentación, sólo congregó a 53 personas. Lo mejor vendría después.

La rueda del destino

En 1965 le aporta al fastuoso mundo folk, y al mundo en general, la que sería su obra cumbre y definitiva: Like a rolling stone. Para entonces sus canciones están repletas de ácida poesía, mientras en su interior corre una comprometida vena creativa que le va convirtiendo en genio, dándole a su obra un toque de inmortalidad.

El 15 de junio de ese año, en los estudios A de la CBS en Nueva York, con Mike Bloomfield a la guitarra y Al Kooper en los teclados, y bajo la producción de Tom Wilson, Dylan graba Like a rolling stone, su mejor y más definitivo trabajo; su propio himno:

Montabas en el caballo cromado de tu diplomático,

que llevaba sobre el hombro un gato siamés.

¿No es difícil descubrir,

que después de quitarte todo lo que pudo,

no era el tipo de persona que se lleva?

 ¿Cómo te sientes? ¿Cómo te sientes

valiéndote por ti misma, sin un hogar,

como una completa desconocida, cómo una piedra rodante?

 Happy birthday Bob…

 Con el paso del tiempo, el profeta y judío errante se ha ido quedando atrás para darle paso a un nuevo ser, a un artista complejo, visceral y misterioso.

 bob2  Dylan es el artista, el hombre y el genio que menos concesiones ha hecho jamás. Supo, desde sus primero años, imponer su personalidad en todo lo que hizo – y seguirá haciendo –, y ello es, sin duda parte fundamental y definitiva de su obra y de su paso por el vasto mundo de la música.

Romántico, ácido, genial, polémico y sorprendente, símbolo de adoración, blanco de criticas y profeta, así será Bob Dylan, al menos, mientras la música siga sonando.

 

 

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