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Hendrix, la leyenda

 

Por: Cavalier L’Enfant

   Tal parece que morir como muchos otros, derrotado por las drogas, sigue siendo una fascinante historia. Al menos así parece ser para Jimi Hendrix, el hombre, el personaje que logró el cruce en el cual la música y el espectáculo se unieron para establecer una nueva esfera de atractivo en el rock, aunque fuera una esfera que lo convirtiera en la primera víctima de la industrialización del rock. Aunque no sería el único, Brian Jones, se vería sido alcanzado por el fantasma de las drogas; Morrison por la incomprensión y Janis, por la soledad y el hastío:

Libertad es lo que ahora quiero

Libertad es lo que ahora necesito

Libertad para vivir, libertad para dar.

   En torno a su muerte siguen girando miles de conjeturas con la misma intensidad con la que quemaba su guitarra, sin saber aún si fue suicidio o un mero accidente; Hendrix se llevó el secreto a la tumba.

El espectáculo

Jimi Hendrix fue un músico inteligente. Sabía adónde iba y que quería, sin embargo algo en su interior no le permitió vislumbrar en que momento se convirtió en un objeto que el llamado show-business manejó a su antojo hasta destruirlo como artista. En el verano del 67, después de su apoteósica presentación en el festival de Monterey (animado por Paul McCartney), cometió del error de ser telonero en la gira europea de los Monkees. Ante la ausencia de talento, aun en la época de esplendor del grupo, la guitarra de Hendrix sería algo más que apocalipsis y sexualidad excitante. El torrente sónico que emanaba de su guitarra se había canalizado en una sola dirección, para trocarlo en el pequeño gran payaso que quemaba su “hacha”, como llamaba a su guitarra, como parte inseparable del show. Cuando dejó de hacerlo, el público se le exigía con morbo. Cuando intentó apartarse del juego, cuando comenzó a rodar y cuando quiso demostrar su verdadero valor como músico, se dio cuenta que se había transformado en un negro divertido, en un negro que debía entretener a los blancos; el precio por haber jugado al juego de la fama le hizo perder todo, hasta la vida.

Purple haze was in my brain

Lately things don’t see the same

Actin’ funny, but I don’t know why

‘Scuse me while I kiss the sky

Purple haze all around

Don’t know if I’m coming up or down

 

Purple haze

Cuando Hendrix se dio cuenta de que había tomado el camino equivocado, ya era demasiado tarde, y a causa de ello comenzó a ser un manojo de problemas. Aquél hombre afable e inquieto de los primero años, se había metido a un callejón sin salida. Se enfrentó con su grupo Experience y lo deshizo. Rompió todo tipo de contacto con Chas Chandler, su manager y sucumbió al tempestuoso mar de las drogas. Cuando actuaba, en una sola voz el público le pedía una y otra vez, Hey Joe y Purple haze; pero se rehusaba y a cambio ofrecía su alud de energía eléctrica con toda su gama de matices imaginables. Su audiencia le rechazaba, le chillaba al no entender lo que emanaba de su poderosa guitarra – “me he convertido en un payaso” – como el mismo se había definido, solía decir –.

 La leyenda

James Marshall Hendrix fue hijo de un jardinero, y desde niño amante de la música. Como muchos de su generación, creció y vivió sus primeros años en el típico ghetto sin muchas posibilidades, limitándose, como suele suceder en estos casos a la simple y mera cuestión de supervivencia. Como muchos norteamericanos de su época, Hendrix se alistó en el ejército como miembro del 101 de Paracaidistas de la Airborne Division. Cuando por recomendación médica es liberado de la milicia, regresa a la música como medio de existencia, tocando y colaborando con los mejores artistas del momento en el ámbito del rhythm and blues. Hasta 1966 tocará con B. B. King, Sam Cooke, Little Richard, Ike & Tina Turner, King Curtis, Curtis Knigth, con los Isley Brothers y con los Famous Flames de James Brown utilizando el nombre de Jimmy James.

Fue precisamente en una presentación en el Café Wha! del Village neoyorquino, en 1966, que es observado por Eric Burdon y Chas Chandler. Cautivados por su frenético estilo, es invitado a Inglaterra por el propio Chandler, ya como su manager para realizar una serie de presentaciones en Londres. Muchos van a verle por mera curiosidad, pues se decía que era “la mano izquierda del diablo”, la mano que al final del show “prendía fuego a su guitarra”. Era 1967, el año en el que aparte de Eric Burdon y sus Animals, la escena musical británica estaba dominada por The Cream de Eric Clapton y la furia destructora de Pete Townshend y los Who. Pronto, con su vitalidad y su desenfreno, Hendrix se convirtió en una de las máximas figuras del rock.

El clímax

Dos álbumes serán claves para alcanzar la cumbre personal: “Axis: Bold as love” y “Electric Ladyland”, particularmente este último que en su portada, muestra varias chicas en todos los colores completamente desnudas. Era 1968 y esa portada generaría fuertes tempestades al grado de ser rechazada y censurada por grupos puritanos, aunque ello no impide que se venda como pan caliente. Hendrix está en la cúspide de la fama, y de acuerdo a la crítica, musicalmente es al Rock, lo que Miles es al Jazz. Pero tras la estela de buenos resultados, la fama y la frustración por el hecho de haberse convertido en un juguete del sistema, lo llevan por el camino de la autodestrucción. Rompe con Chandler, su manager, con Experience, su grupo y es detenido en Toronto por posesión de heroína. Su declive es inminente.

Band of Gypsies

Cuando llega 1969, Jimi actúa en Newport acaparando grandes elogios, pero es en el festival de Woodstock donde ofrecería su última gran aportación personal al rock. Y poco antes de que termine el año y la década, forma con Buddy Miles y Billy Cox, la Band of Gypsies. Pero ya no es el mismo, incluso en una presentación en el Madison, ante 20,000 espectadores, Hendrix deja del escenario a la mitad del concierto, y a pesar de su exitosa presentación en la Isla de Wight, en 1970, su final es inaplazable.

18 de septiembre

En 1970, de nuevo se instala en Inglaterra en su eterna búsqueda por retomar el camino del éxito y demostrar su gran valía como músico, sin embargo el 18 de septiembre muere por su propio vómito causado por un exceso en píldoras para dormir. Monika Danneman, su última “girl-friend”, llama a Eric Burdon pidiéndole ayuda, pero era demasiado tarde. Cuando ingresa al Hospital St. Mary Abbots, Jimi Hendrix había fallecido. Entonces surgen mil y una especulaciones sobre su muerte, y que a la fecha sigue siendo un infranqueable misterio. Para las autoridades, fue un accidente; para Burdon, suicidio.

La leyenda

Mucho se ha dicho y escrito sobre su vertiginosa carrera, su calidad como guitarrista y prematura muerte. Se ha dicho con insistencia que si hubiera superado el bache creativo y personal de 1970, seguramente habría alcanzado su consolidación, pues antes de morir, Hendrix había dicho que se encontraba en el mismo punto donde había comenzado, y eso le deprimía.

Tras de sí sólo nos queda reconocer que Jimi fue el primero en hacer “hablar” su guitarra pues su técnica y vitalidad no admiten comparación. Para todos lo que somos amantes de este género, su figura seguirá siendo una de las más fundamentales que podamos encontrar en toda la historia del Rock.

 

 

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