Cronoscopía presenta: Rastafari

Esta es la segunda entrega de Cronoscopía, un viaje musical en tiempo y espacio

Por: Cavalier L’enfant

rastafari

En ocasiones, el Sistema de Transporte Colectivo, el Metro, es un medio donde convergen infinidad de historias. Historias que hablan de lo laboral, de la familia, de las relaciones de pareja, etc., la diversidad de temas suele ser infinita y colorida. Hace unos días, dos jóvenes se enfrascaron en un cálido y divertido debate sobre el nombre que llevan las extensiones de cabello de los amantes del reggae y el folklore jamaicano. Uno de ellos aseguraba que a ese estilo se le conoce como “rastas”. El otro no estaba muy seguro de que se llamasen así, pero al no recordar bien a bien el nombre original, acabó por rendirse. Poco me faltó para ser el tercero en discordia y resolver el misterio. Pero no siempre una tercera opinión es bien recibida, así que me guardé las ganas para mejor comentarlo por este medio.

Me remonto muchos siglos atrás para describir la historia de Jamaica, de su origen y así conocer un poco más del sentimiento de este pueblo. Primero que nada es oportuno recordar que este paraíso caribeño alcanzó su independencia apenas en 1962 (había estado bajo la bandera inglesa hasta ese año), y que a pesar de estar bajo dominio inglés, su tradición y cultura siempre se mantuvieron fieles a sus orígenes, destacando la música como una de las más puras formas de expresión, ritmos caribeños entre los cuales destacan primero el ska, el calipso, el mento, y por supuesto, el reggae, la música de un pueblo, la expresión de sus problemas y su manera de ser. Los pobladores de este paraíso suelen llevar vistosos gorros con los típicos colores de la isla, verde, amarillo y rojo, sus cabellos, formados por largas extensiones hirsutas; fuman marihuana, que ellos llaman “ganja”, como parte de su filosofía de vida. Y es aquí donde toma relevancia el reggae como expresión musical y el movimiento “rasta”, como elevación plena y absoluta de su ancestral folklore.

Este movimiento tuvo en Marcus Garvey, a su profeta de la tierra perdida. Marcus, durante los primeros años del siglo pasado, sacudió la conciencia de Jamaica hablando del retorno a África, la tierra donde todo nació. De la venida de un nuevo Mesías, de un Rey de Reyes habrá de coronarse emperador del continente negro, y que tras su reencarnación, el mundo occidental (la nueva Babilonia), sucumbirá inevitablemente, abatida por sus imperfecciones, por sus pecados.

De acuerdo a esta peculiar historia, el 23 de julio de 1892, había nacido en Abisinia, el nombre original de Etiopía, “Lij Ras Tafari Makonnen”. A los 38 años de edad, Haile Selasie I, como ahora se hacía llamar, es proclamado, “Negus o Emperador” de los etíopes. De acuerdo a esta sucesión de hechos, Haile Selasie I, es investido el Emperador 225 de un país con más de 3000 años de existencia, el “Jah” o la Reencarnación de Dios, según las profecías del profeta Marcus Garvey, la Deidad que vendría a cambiar el destino de los jamaicanos. “La hora ha llegado” – aseguraba Marcus –. De esta deidad, nacerán sus seguidores, sus fieles, tomando del nombre original, un apócope para crear la Secta de los “Rastas”, y los “Rastafaris”, sus partidarios, los hijos de “Jah”, los discípulos de Haile Selasie I.

Lo demás es historia, la música jamaicana se extenderá en un camino fundamental para dar a conocer su cultura, su pensamiento y su sentimiento como pueblo. Y será hasta la aparición de Bob Marley, cuando el reggae tome un lugar preponderante, un lugar de testimonio y presencia en el vasto universo musical.

Les dejo con esta rola, una de las primeras en alcanzar el top 20, en Inglaterra, “007 Shanty Town”, de Desmond Dekker & The Aces, extraído del álbum Action, de 1967.

Por cierto las extensiones de cabello se llaman “dreadlocks” y no “rastas”.

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