Cronoscopía: El Vanguardismo

 

Por: Cavalier L’ Enfant

La historia del rock marca a 1969 como un año de ruptura, el vértice entre el pasado y el futuro. Del fastuoso y nostálgico “Beat”, la música se dispara, como un alud incontenible, un vendaval en varias direcciones hacia múltiples tendencias ávida de nuevas sensaciones y nuevos caminos. 1969 fue un año fundamental en muchos aspectos, primero por que dejaría los suaves y rutilantes sonidos del “Pop” para dirigirse al “Vanguardismo”, y establecer un importante puente hacia nuevos conceptos y fascinantes caminos gracias a los nuevos instrumentos y nuevas fórmulas para registrar la música.

 

A partir de este año los caminos del rock comenzaron a ser inescrutables y dispares. Lo mismo surgieron exquisitos sonidos intimistas, como los que ya repasamos con Crosby, Stills, Nash & Young, que fieros y poderosos acordes de rock duro y demoledor (que trataremos más adelante). Pero también fue el lento pero seguro tránsito hacia la forma y la plástica que se unían para atestiguar el nacimiento de un sonido de color, lentejuelas, amaneramiento, libertad y bisexualidad, el “Glam Rock”.

Los nuevos sex-symbols

David Bowie

Años después, en 1971, un cantante surgido del cisma que significó la década de los sesenta, comienza a ser noticia en Inglaterra. Su hit, sorprendente como innovador, se titula “Space oddity”. Viste como una mujer, lleva el cabello largo y muestra gestos amanerados. Su actitud no llegaba al extremo de la incoherencia y el desatino, pero si mostraba una singular belleza masculino-femenina; su nombre, David Bowie. Sin embargo es importante destacar que Bowie no fue un producto neto de este movimiento, sino la simbiosis de un personaje fantástico y fantasioso de la música.

 

Al otro lado del mundo, en la Unión Americana, el público comienza a interesarse por un artista que viste de manera estrafalaria, un músico que usa maquillaje en exceso y que se hace llamar Alice Cooper. Pero no es una mujer, se trata de un artista que canta con una boa constrictor alrededor del cuerpo y cuatro músicos devorando el escenario con un estilo duro, corrosivo y de alto impacto. Ambos rayando en la genialidad, la agudeza y el ingenio visual.

Alice Cooper

Bowie fue el auténtico líder de un movimiento que en la Gran Bretaña sería determinante para el futuro; Cooper, la contraparte, sería también el artífice de un estilo menos vinculado al sexo y más proclive al espectáculo, pero ambos rayando en la singularidad. Con respecto a la forma como sentía la música, en una entrevista realizada en 1972, Cooper dijo lo siguiente: “La gente es a la vez masculina y femenina, biológicamente hablando. El hombre presenta la fuerza, la mujer la sabiduría y el niño la fe. Cuando yo actúo, trato de integrarme en todas esas personalidades”.

 

Por su parte, Bowie expresaba: “Yo no soy lo que la gente piensa. He sido el creador de un personaje que me ha gustado y que me encanta representar, hasta el punto de que me he sentido totalmente identificado con él mucho más que con David Bowie. Llegado a este punto creo que hay que hablar más de mí como actor que como cantante”.

Las repercusiones

Pero Bowie y Cooper no fueron los únicos representantes de esta tendencia musical. Como grandes líderes supieron allanar el camino para la llegada de otros personajes que también dejarían su huella en el movimiento glam: Iggy Pop, Lou Reed, cerebro de Velvet Underground y muy superior al propio Cooper; Bryan Ferry, Bryan Eno, el gran Marc Bolan y su T-Rex, de delicado estilo, Slade, y muchos otros más.

Epílogo

Para muchos críticos y puristas, el “glam rock” fue tan solo la culminación del vanguardismo que puso sobre el escenarios quiméricos personajes con más forma que fondo, sexo y show, gay power, maquillaje y fusión del espectáculo con la evolución del rock. Una fusión abrumadora en la música, una fantasía desbordante, forma sin fondo que transitó de lo triunfal a lo efímero. Lo demás es historia.

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