Por: Cavalier L’Enfant

american pieHace unos días leía en una revista que, los movimientos mueren cuando mueren sus creadores. En el gran mundo de la música, esta frase, encierra mucho de verdad. Y esta frase encierra un gran significado cuando repasamos las últimas décadas, desde el nacimiento del Rock & Roll, en 1955, hasta nuestros días, en el que precisamente, se llevó a cabo la, 55th Annual Grammy Award.

Desde entonces el rock ha registrado grandes cambios y grandes movimientos, como el rock & roll, que hacia finales de los años 50, había pasado a mejor vida cuando sus cuatro pilares dejaron de ser parte de la era dorada. Chuck Berry había sido denunciado por una menor que lo acusó de prostitución; Jerry Lee Lewis, fue duramente atacado por casarse con su prima de 14 años; Little Richard, aseguraba haber recibido una señal de Dios para que se apartase de la música, en su mensaje, aseguraba que debía arrojar todas sus joyas al río, para purificar su alma; Elvis, al alistarse al servicio militar y viajar a Alemania, dejaba su trono vacío. Sin embargo la locura del rock & roll se fue para siempre con la muerte de Buddy Holly, el 3 de febrero de 1959.

La gran esperanza del rock & roll

Por aquellos años, ningún artista, ninguna figura hacía giras en solitario, aun no se daban los grandes conciertos de dos o mas horas de duración como sucede en la actualidad. Y era común entonces, que los empresarios aglutinaran cuatro o cinco grupos para sus presentaciones. Cada uno tocaba 30 minutos máximo. Muchos recordarán que incluso, los Beatles no llegaban siquiera a los 40 minutos cuando tocaban en vivo. La gira en la cual participaba Buddy Holly, conocida como Winter Dance Party, incluía también a Ritchie Valens y a J. P. Richardson, conocido con el sobrenombre de Big Bopper. Sin apenas descanso, grupos y solistas debían viajar grandes distancias para presentarse al día siguiente. Los recorridos se hacían en autobús, lo que provocaba hastío, cansancio y hartazgo, hasta llegar a las tensiones, las crisis y las enfermedades.

La Winter Dance Party transcurría bajo extremas condiciones climáticas, y Buddy Holly, se cuenta, había llegado al límite mismo de sus fuerzas. Después de actuar el 2 de febrero en Clear Lake, creyó oportuno buscar otra opción para llegar al siguiente destino, Moorhead, Minnesota, con más de 700 kilómetros entre un punto y otro. Junto con sus músicos, Tommy Allsup y Waylong Jennings, propuso alquilar una avioneta, de lo contrario no estaría en condiciones de presentarse. La idea tuvo gran aceptación por parte de Valens y Bopper, quienes, en su calidad de cantantes, solicitaron a los músicos de Holly, ocupar sus puestos. Un músico podría no tocar tan bien, pero un cantante debía estar en forma; eran las estrellas, particularmente Buddy, considerado la gran realidad del rock & roll, un creador genuino y un revitalizador para los nuevos tiempos.

La leyenda

Se dice que Waylong Jennings no tuvo inconveniente en dejar su sitio a Big Bopper, entendía bien su rol como músico de acompañamiento, además de saber que éste estaba enfermo. Pero en el caso de Allsup y Valens, el último lugar se lo jugaron a cara o cruz, a lo que llamamos coloquialmente, en un volado. El destino del rock & roll, se jugó en un volado.

La avioneta era una Beachcraft de cuatro plazas, y bajo una fuerte tormenta, despegó del aeropuerto de Mason City. La aeronave nunca llegó a su destino. El aparto se perdió y apareció estrellado al día siguiente. La causa: vuelo controlado contra el terreno. Era 3 de febrero de 1959, y en las noticias se anunciaba la muerte de tres figuras del rock & roll, junto con el piloto, Roger Petersen.

The day the music die

Casi todos los historiadores coinciden que con la muerte de Buddy Holly, murió también una parte del rock. Por sus ideas, su creatividad, inteligencia y capacidad para enlazar los años dorados del rock & rock, con el futuro. Por eso el 3 de febrero es conocido como, El día que la música murió, y así dice American Pie, canción escrita por el cantante y compositor, Don McLean, extraída del álbum homónimo de 1971, donde recuerda la muerte de Buddy Holly, Ritchie Valens y Big Bopper

 

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