Cronoscopía: Robert Johnson

Robert Johnson , La Historia de un Fenómeno

Por : Cavalier L’Enfant

El Blues

robert-johnsonLos orígenes del blues no son tan distintos como los orígenes de la vida misma, aunque por muchos años sólo fue recordado gracias a la memoria y en voz de sus protagonistas. Este género musical, que nació de las profundas raíces de África, el continente negro, sería uno elemento básico para el nacimiento del rock & roll. Pero en su línea original, el blusista era capaz de cantar una línea para que la guitarra encontrara la respuesta a ese canto…

A principios de los años 50, todos los caminos parecían conducir a la creación de algo nuevo, de un ritmo diferente, encantador, sublime y, sobre todo genuino. Por un lado se anunciaba el fin de las grandes orquestas, el surgimiento de las suaves voces de los crooners y el descubrimiento de la música que provenía de los estados sureños…

La música de los blancos era un canto suave que hablaba de amor, de sentimientos inspirados a la luz de la luna; dulce y acaramelada. Del otro lado estaba la sinfonía de dolor y la tristeza, nostalgia por los ancestros, por los antepasados. Eran cantos nacidos del campo, del abandono y la discriminación. Era la música de los negros surgida bajo el estigma de la esclavitud, marcada por la amargura. Por eso el blues y el rhythm and blues de comienzos de los 50 mantenían un tono de protesta y lamento.

En sus canciones, el negro era mucho mas mordaz que el blanco; el sexo salpicaba sus estructuras con una sensualidad desbordante. Tras la abolición de la esclavitud, muchos negros emigraron de las zonas rurales del sur hacia las zonas urbanas del norte. Así empezaron a aparecer los trovadores itinerantes.

Los inicios

Los primeros músicos de blues, como Charley Patton y Blind Lemon Jefferson, desarrollaron estilos distintivos que les permitieron reflejar los suplicios de un trasfondo rural. El estilo de estos grandes músicos fue la simiente de la cual, Robert Johnson se nutrió para crear el propio.

Aun existe la creencia de que en un momento de la historia, el cruce de caminos propició que el blues tradicional se encontrara con líneas mas puras del country creando un importante fusión cuyas raíces se hallan en el Delta del Mississippi, el centro neurálgico de una zona que se extiende desde el sur de Memphis hasta el norte de Louisiana, a través de áreas de cultivo de algodón, entre Arkansas y Mississippi.

Gran parte del blues rural se formó en el inquietante poder del Delta y se expandió con la inmigración de sus principales intérpretes, Muddy Waters, Howlin’ Wolf, Bo Diddley, Muddy Waters y el gran Robert Johnson, entre otros. La mayoría de ellos, y otros de menor calibre, emigraron a la industriosa Chicago, al norte del país, lugar donde alcanzarían el éxito, la fama y la gloria.

Robert Johnson, el que hoy no ocupa, nació el 8 de mayo de 1911 en Hazlehurst, Mississippi. Como muchos otros de su generación, el campo y las plantaciones del norte del Delta modelaron parte de su formación. Aunque murió cuando apenas cumplía los 27 años, el impacto que generó con su manera de tocar la guitarra forma parte de la cultura y mitología del blues, así como profunda y relevante influencia en grandes músicos como el mismo Eric Clapton quien alguna vez declaró que si Robert Johnson no hubiera nacido, el blues nunca se hubiera inventado.

La encrucijada

The-crossroadsDe acuerdo a la leyenda, su habilidad y calidad para tocar la guitarra, no fue obra de la casualidad. Una noche, se dice, Robert Johnson se paró en el cruce de la Autopista 61 con la 49 en Clarksdale. Su aspiración era interpretar el blues mejor que nadie. De manera perfecta, inalcanzable para el resto de los mortales. Entonces, continua la leyenda, le ofreció su alma en prenda al diablo a cambio de la habilidad que precisaba para ser el mejor.

El tiempo, los rumores y la voz popular, se encargaron de reforzar esa historia, pues las letras de sus canciones siempre evocaban y hablaban del él. Ahí está su canción, Me and the devil blues. Su vida y sus presentaciones, tenían el mismo frenesí con el que sus largos dedos acariciaban y arrancaban las mas puras nota de una música que parecía, efectivamente, fuera de este mundo, música que nadie más que él podía tocar.

Pero todo formó parte de un mito que sobrevivió y perduró durante y después de su muerte. Y como si fuera una obra inspirada por el mismo Fausto, su fallecimiento también estuvo rodeada de un halo de misterio, de dolor y tintes de tragedia. Muerte cuya agonía de tres días no hizo mas que fortalecer el mito de que Satán en persona se llevaba su alma por haber sido, indudablemente, el mejor.

La realidad es que Robert fue un hombre que vivió al límite, sacando provecho de cada segundo de aliento de vida. Devorando sus energías entre la música y las mujeres. Por eso una noche, mientras tocaba en un bar cualquiera, el dueño, enterado de que Robert enamoraba a su mujer, le envenenó con estricnina que vertió en una botella de whisky que Johnson bebió con avidez. Tres días después, sería encontrado sin vida a la orilla de una carretera, en el condado de Greenwood. Una tarde del 16 de agosto de 1938; no hubo autopsia.

Epílogo

A pesar de su calidad e influencia, muy poco se conoció de su vida. 20 canciones y tres álbumes constituyen su legado a la historia del mejor blues rural de la historia. Lo demás es parte de las leyendas que se tejen alrededor de sus héroes.

En el cine existen dos filmes que hacen referencia a la vida de Robert:

Crossroads, película de Walter Hill de 1986 protagonizada por Ralph Macchio y Joe Seneca, con un electrizante duelo final de guitarra contra Steve Vai.

Oh brother, where art thou?, del año 2000. En esta cinta, los protagonistas se encuentran con un joven guitarrista llamado Tommy Johnson – interpretado por el músico de blues Chris Thomas King –, cuando le preguntan por qué estaba parado en medio de la nada, les revela que vendió su alma al Diablo a cambio de la habilidad para tocar la guitarra. Sin duda un elemento del folklore del sur de Estados Unidos al introducir la leyenda creada en torno a Robert Johnson.

Hasta la próxima.

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