Cronoscopía: Jim Morrison, la Conmoción

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Por: Cavalier L’Enfant

 

Jim Morrison es considerado uno de los grandes dioses del rock y su culto. Su voz, su personalidad, su rostro, su carisma, su desgarro, pero por sobre todo, sus letras, fueron una conmoción desde que, al frente de The Doors, hizo acto de presencia en 1967, el año del amor y de la luz.

En su origen, Morrison no fue un cantante, ni pretendía ser un ídolo, más bien era una suerte de vagabundo en la capital del sur de California buscando en el cine, el vehículo que le permitiera romper con la barrera natural de la vida en busca de sus raíces, en busca de transmitir emociones y sentimientos. Acompañado de su gran cómplice y amigo, el recién fallecido Ray Manzarek, fue recitando primero y cantando después sus poemas como una especie de catarsis, pero desencadenando, sin pretenderlo, una incontrolable reacción.

   Morrison no fue un ser común y corriente, siempre fue un tipo extraño, una mezcla de frustración y realidad:

We want the World

And we want it now!!!

El vehemente deseo de un imposible que a final de cuentas, despertaba sentimientos múltiples. Infinitas fuerzas que se arremolinaban en la turbulenta babel que es Los Ángeles.

Pero por encima de todo, Jim Morrison fue un poeta capaz de convertir sus líneas y pensamientos en música, hiriente música que salía frenética de lo teclados de Manzarek y de las genialidades de Krieger y Densmore, músicos responsables de gran parte del éxitos de los Doors – aunque oscurecidos por la rutilante presencia de llamado Rey Lagarto.

Los días extraños nos han encontrado

Los días extraños han seguido nuestra pista

Van a destruir nuestras simples alegrías.

Seguiremos jugando

o buscaremos una nueva ciudad…

   Ascensión y gloria

Nadie antes de los Doors había dicho las cosas como ellos lo hicieron, nadie antes de ellos hicieron de la música un elemento incisivo y determinante. Sus álbumes quedaron repletos de claves, de fascinación y fuerza; y como sucede con todos los grandes avanzados a su tiempo, tuvieron que luchar por alcanzar la gloria, el éxito y la fama, aunque precisamente esa fama se llevara sus energías hasta sucumbir por el propio peso del amor y el odio, de la forma y el fondo.

En tan solo cuatro años, The Doors fueron líderes de una generación de poetas, intelectuales y desarraigados, porque en pocas palabras significaban la carne vida del rock. A causa de ello, Morrison comenzó a ser víctima de su propio frenesí, animal salvaje, animal sexual, que de acuerdo a sus propias palabras detestaba, porque sentía no encajar en el llamado “star-system”. Por el contrario, Jim estaba hundido entre el amor y la soledad, entre el apocalipsis de sus propias actuaciones, verdugo y víctima de su propio juego, su maldito juego.

Su muerte, el 3 de junio de 1971, significó el epílogo de una efímera carrera, semejante a las brevísimas existencias de otros grandes, Joplin y Hendrix. Días antes de su muerte, había vaticinado su salida de esta vida… “yo voy a ser el tercero…”, y así fue…

 

El reloj dice que es la hora de cerrar

Imagino que lo mejor es irme

Quisiera quedarme aquí toda la noche.

 

Déjame dormir toda la noche en la cocina de tu alma.

Calienta mi mente junto a tu suave horno.

Si me dejas fuera, iré tropezándome por los bosques de neón.

   Morrison es hoy, una leyenda viva, muy a pesar de las especulaciones que, a muchos años de distancia, siguen girando en la turbulenta espiral del rock, tan sorprendentes como esperanzadoras, que aseguran que él aun vive escondido en un suburbio del planeta tierra; más un deseo que una realidad, pero deseo que no deja de crecer año tras año.

…En medio están las puertas…

Por cierto, el nombre de The Doors nace de un pasaje del libro “The Doors of perception”, de Aldoux Huxley y de una frase de William Blake: “There are things that are known and things that are unknown: in between the doors”.

A 42 años de su partida, recordemos a Jim Morrison y los Doors con “The soft parade”, tema principal de su 4º álbum. Nos leemos en la próxima Cronoscopía.

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